Los solemnes campos góticos palentinos se convirtieron durante tres días en hermosos campos románicos para los miembros del Ateneo que decidieron visitarlos. Bajo un espléndido sol otoñal que llenaba de colores los bosques y las riberas de los ríos, los ateneístas tuvieron ocasión de adentrarse en ese capítulo de la Historia en el que, en mayor proporción que nunca, arte y espiritualidad se fundieron para ofrecernos una obra que aún nos sigue fascinando. Y es aquí, en el norte palentino, donde se pueden encontrar sus manifestaciones más numerosas.

Desde la expresividad de Moarves al sosiego cisterciense de San Andrés del Arroyo, desde la humilde soledad de Cantamuda a la enigmática temática escultórica de Cervatos, ya en tierras cántabras, pasando por Santa Eufemia, Mave y Aguilar, más los añadidos leoneses de Gradefes y San Miguel de Escalada, los visitantes disfrutaron de un amplio repertorio de la iconografía y tipología románicas, que resultó sorprendente para algunos y una satisfacción plena para todos. Un servidor, que tuvo el honor y el placer de servirles de guía, puede dar fe de ello.
LUIS DÍEZ TEJÓN










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